Sagrado Olvido
Hay un Dios supremo sin forma
ni naturaleza de hombre. Pero los
engreídos mortales imaginan que los dioses
tienen voz y cuerpo y sensaciones humanas.
Clemente de Alejandría
Bajo la superficie de la Tierra yacen ocultos templos milenarios de dimensiones colosales, santuarios de negras paredes y torres coronadas con cúpulas de oro construidos por razas ya desaparecidas. En su interior los antiguos dioses aguardan, duermen y sueñan que nuevamente se les rinde culto. Sueñan que el silencio es aplastado por los cánticos fervorosos, por las plegarias que reverberan entre los muros mientras los sumos sacerdotes ofician rituales sangrientos destinados a ganar su favor.
Los dioses primigenios aún pueden sentir en sus fauces la calidez de la sangre, su espesa consistencia.
Los antiguos dioses aguardan, duermen y sueñan. Anhelan el esplendor y la gloria de antaño, pero su espera es vana, los hombres ya no los recuerdan ni les temen. En la Tierra son adoradas nuevas deidades que no exigen ceremonias tan complicadas.
Los ancianos dioses esperan, sueñan y a veces lloran, envueltos en las tinieblas del tiempo que nada respeta, que todo destruye.
ni naturaleza de hombre. Pero los
engreídos mortales imaginan que los dioses
tienen voz y cuerpo y sensaciones humanas.
Clemente de Alejandría
Bajo la superficie de la Tierra yacen ocultos templos milenarios de dimensiones colosales, santuarios de negras paredes y torres coronadas con cúpulas de oro construidos por razas ya desaparecidas. En su interior los antiguos dioses aguardan, duermen y sueñan que nuevamente se les rinde culto. Sueñan que el silencio es aplastado por los cánticos fervorosos, por las plegarias que reverberan entre los muros mientras los sumos sacerdotes ofician rituales sangrientos destinados a ganar su favor.
Los dioses primigenios aún pueden sentir en sus fauces la calidez de la sangre, su espesa consistencia.
Los antiguos dioses aguardan, duermen y sueñan. Anhelan el esplendor y la gloria de antaño, pero su espera es vana, los hombres ya no los recuerdan ni les temen. En la Tierra son adoradas nuevas deidades que no exigen ceremonias tan complicadas.
Los ancianos dioses esperan, sueñan y a veces lloran, envueltos en las tinieblas del tiempo que nada respeta, que todo destruye.


1 comentarios:
Es curioso como su narrativa hace que mi mente viaje a distintos puntos de mi vida en la que jugaba con tres a ser Indiana Jones. Los dioses sueñan al igual que nosotros pobres mortales en tiempos mejores
Un saludo y abrazo entrañable
Publicar un comentario en la entrada